El cultivo de maracuyá es una opción prometedora en muchas regiones, pero para lograr su éxito, es vital seguir ciertos requerimientos edafoclimáticos. Estos factores clave garantizan que la planta crezca de manera saludable, maximizando la producción y reduciendo riesgos.
1. Buenas Prácticas Agrícolas
El factor más importante es realizar todas las labores agrícolas a tiempo y con dedicación, siguiendo estrictamente las Buenas Prácticas Agrícolas. Esto incluye desde la preparación del terreno hasta el mantenimiento regular, como el riego y la fertilización, garantizando un entorno óptimo para el crecimiento del maracuyá.
2. Temperatura Ideal
La temperatura óptima para el maracuyá oscila entre los 23-25 °C. Aunque se adapta bien en un rango mayor, desde los 21 hasta los 32 °C, algunos cultivos han demostrado tolerancia a temperaturas de hasta 35 °C. Sin embargo, cuando se superan estos límites, el crecimiento de la planta se acelera, pero se reduce la producción debido a la deshidratación de las flores, lo que impide la fecundación de los ovarios.
3. Altitud
El maracuyá puede ser cultivado desde el nivel del mar hasta los 1200 metros sobre el nivel del mar (msnm). Sin embargo, los mejores resultados se obtienen entre los 300 y 900 msnm, donde se recomienda una humedad relativa del 60%. A mayor altitud, es importante considerar la incidencia de las temperaturas y su efecto en el crecimiento de la planta.
4. Precipitación
El cultivo requiere entre 800 y 1750 mm de precipitación anuales, con una mínima mensual de 80 mm. Es fundamental evitar lluvias intensas durante los periodos de floración, ya que dificultan la polinización y aumentan la aparición de enfermedades fungosas. Los periodos secos prolongados causan la caída de hojas y reducen el tamaño de los frutos; si se extienden, la producción puede detenerse completamente.
5. Luminosidad
El maracuyá necesita un mínimo de 11 horas diarias de luz para florecer correctamente. En días con menos horas de luz, se observa una disminución en la producción de flores, lo que afecta directamente la cantidad de frutos producidos.
6. Suelo
La planta puede adaptarse a diversos tipos de suelos, desde arenosos hasta arcillosos. Sin embargo, los suelos preferidos son aquellos de textura areno-arcillosa, con una profundidad mínima de 60 cm, sueltos, con buen drenaje y de fertilidad media a alta. El pH del suelo debe estar entre 5.5 y 7.0. Es importante evitar los encharcamientos, por lo que en terrenos planos es recomendable sembrar en camas o camellones altos, ya que las raíces son muy sensibles al daño causado por la acumulación de agua.
Conclusión
Al cumplir con estos requerimientos edafoclimáticos, los agricultores pueden garantizar un mejor rendimiento en la producción de maracuyá, minimizando riesgos y optimizando las condiciones para un cultivo saludable y productivo.
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